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Después del martes negro, en el que la PGR y el Ejército ingresaron en el estado de Michoacán, para allanar diversas instalaciones del Ejecutivo estatal y de las presidencias municipales, la escalada de acciones militares se ha incrementado sin que los resultados se muestren por algún lado, al no ser la detención de La Minsa que provocó la reacción, supuestamente del grupo La Familia, con los 19 ataques en contra de destacamentos de la PGR. La reacción de la Federación ha sido la de multiplicar los efectivos y contar ahora con un número superior al que se ha informado, en verdad, no menos de 10 mil militares, se encuentran en el estado de Michoacán, y según el gobernador, Leonel Godoy, sin las más elemental coordinación con las policías estatales y municipales. Hay comentarios desde la sociedad civil, como es el caso de la Iglesia católica y de organizaciones del Frente Amplio Sindical y Social, FASSEM, que se han pronunciado porque se ponga fin al diferendo entre la Federación y el Gobierno del Estado. Pero además el tema no puede agotarse en la batalla simplista de policías y ladrones, sino dando salida a la crisis de un campo michoacano que es el que más aporta a la emigración a los EU y al interior de la República. Es el estado que cuenta con más de un Michoacán fuera, tiene más habitantes en el exterior buscando una oportunidad de vida, porque aquí, los políticos no han podido generar más empleo, desarrollo de la economía regional, mucho menos la combinación de inversión de la Federación y del Estado en proyectos estratégicos, que generen empleos directos e indirectos, como pudo ser la empresa china de automóviles y se fue, o como los que quieren venir pero no ven acuerdos estratégicos entre Estado y Federación.
Hay frente a la Nación un problema de concepción del pacto nacional, es el de la relación entre soberanía y la construcción de la Nación, entendida no simplemente como demarcación geográfica, y tal es el sentido al que la Federación se aferra, incapaz de entender que los proyectos de la Nación, sólo pueden verse, materializarse, en el desarrollo regional, en las entidades a las que le demandan directamente los mexicanos opciones de vida, proyectos localizados de construcción de una economía que se entienda en conjunto como proyecto de Nación. Hoy la agenda nacional de partidos, gobernadores y el Ejecutivo nacional, pretenden situar, al combate al delito, como el escenario principal para abrir posibilidades del desarrollo de la economía, de la reestructuración del tejido social disuelto, por la violencia del modelo de la economía, que esta lucha terminará con la escasa producción de riqueza y de la inequitativa distribución de la bolsa social, repercutiendo negativamente en los salarios, propiciando la lánguida producción de empleos, o en la existencia precarista de la producción en el campo. El combate a la delincuencia organizada es un efecto directo de una sociedad en conflicto y no a la inversa. Una sociedad vista como una empresa en la que siempre pierde el trabajador, en donde la reconversión de la ciencia y la tecnología para el desarrollo no se dan, porque es un esfuerzo aislado de las empresas pequeñas, medias que se ven sometidas y en quiebra permanente, producto del dominio mundial de las empresas del Primer Mundo. El Estado mexicano, que no es sólo el Gobierno Federal, sino todo el poder de la Nación, que integra a los estados y los municipios, no tienen una idea básica, incluso elemental, de cómo construirse como nación, en medio de una crisis mundial de la que otros países han salido ya, de la parte más compleja del aprieto, cuando Hacienda afirmaba que ni “catarro” le pegaría a la economía mexicana. La pobreza y la miseria extrema se convierten en una construcción paralela de una economía desordenada y vinculada más a los flujos internacionales de los mercados que a una visión compartida al seno del poder político nacional. Israel, un país pequeño, en permanente conflicto con los países árabes, es un ejemplo de la construcción estratégica del desarrollo de la nación. Antes de ser una potencia militar, es una propuesta de convivencia en la economía, podría afirmar desde un México en conflicto, que allá, no sólo no tuvieron miedo de construir una economía solidaria, con equidad, con el principio del trabajo comunitario a través de los Kibutz, poblados con sentido comunitario, en donde se va a la construcción de una vida digna para todos, es el soporte de la joven república, de 61 años de existencia, que ha enfrentado más dificultades militares y económicas que toda América Latina en un siglo y ha resuelto toda crisis, a partir de una sociedad presidida por un Estado de Bienestar, que comparte la responsabilidad solidaria de vida buena de los israelitas, como la permanencia de un Estado que ha tenido que militarizar su existencia, sin que se convierta por ello en una dictadura, o como México, en una Dicta-blanda, que abandona a la sociedad a su suerte, porque piensa que la solución proviene del modelo empresarial de desarrollo. Felipe Calderón debe liderar el encuentro compartido con un proyecto de Nación que surja de un gran pacto nacional, por una República social, porque el principal impedimento de una nación en desarrollo es la pobreza absoluta y relativa, que nunca se presenta sólo como miseria, sino también como un pueblo inculto, muy por debajo del promedio mundial de 12 años, como media de cultura, a partir del promedio de escolaridad. Qué puede proponerse una Nación que cuenta apenas con 7 años de escolaridad, ¿cuánta cultura democrática puede desplegar un mexicano con algo así como 1º de secundaria? ¿Cómo no traducir en violencia directa la pobreza cuando los conocimientos y la experiencia de vida ha sido la de sobrevivir aislado, con la idea de la violencia, como medida para recuperar capacidad de existencia? ¿Qué mayor violencia en contra de los mexicanos que el estatus de analfabeta en Informática, en dominio de ciencia y tecnología básica para la producción industrial y agrícola, o la ciencia social que ha abandonado la tarea de construcción de una sociedad con justicia, que ha desaparecido la economía política como ciencia, porque explicaría a la realidad como un contrasentido y una denuncia a la clase política, que asiste más al reparto del poder como cúmulo de violencia, que capacidad de construir una sociedad habitable? Por ello, en el pasado proceso electoral, por la baja cultura política de los candidatos y por los intereses tribales, no aparecía, en las agendas de campaña, la necesidad de construir una nación con capacidad de navegar en la historia de la globalidad, en los escenarios de la política social del primer mundo, en donde la miseria y la miseria extrema no son aspectos que aparezcan en la política, porque ha sido resuelta en un modelo de ciudadanía social. Nada ni nadie debieran separarse de la idea de lo que el pacto federal significa. Ni Los Pinos, ni el Gobierno estatal han entendido, que primero es la soberanía de las entidades federativas, porque su construcción como posibilidad de gestión de una sociedad con justicia, con desarrollo económico, se convierte bajo el liderazgo de la República, en los pulsos de la democracia, en los flujos sociales que no permiten al poder del Estado perderse en los laberintos que construye la clase política nacional para hacerse de más poder, tribal y autoritario de los partidos y al seno de ellos, las tribus y los grupos de interés. La subcultura del poder centralista de la Federación, no ha entendido que Michoacán no es un virreinato, como no lo es ningún estado del país, sino un Estado Libre, que forma parte de la Federación, con quien está obligado a pactar toda acción, económica, política o de procuración de justicia, en las condiciones que la marca el Estado de Derecho. Respecto a las condiciones que generan la violencia y el delito para la sobrevivencia, es la pobreza, que afecta ya a prácticamente el 60% de los mexicanos, allí está la verdadera batalla, porque la pésima distribución de la riqueza ha encontrado esa salida maldita, la de la lucha militar, mitad delincuencia y mitad reacción social y de supuesta protección a los débiles. |