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Culiacán, Sinaloa.- Aún en los partidos políticos no se resuelve cómo arribar al Congreso de la Unión después de una elección en la que los resultados se convierten en un excelente sensor, sobre cuáles han de ser los temas que se aparecieron en la pasada elección del 5 de julio, como los orientadores de la voluntad ciudadana. Aún en esas condiciones que suponen claridad, la lectura de los partidos sobre los matices del voto no se termina por entenderlo. El PRI asume que logró arrasar en la contienda a su más cercano contendiente, el PAN, metido en la expectativa de obtener una mayoría que le permitiera avanzar en su visión de gobierno, lo hace imaginando que sólo, como partido, puede echar a andar su concepción de desarrollo nacional, incluso, el propio tricolor entendió que era necesario ir en una alianza con el Partido Verde, con quien le fue posible obtener mayoría relativa en diversos distritos, sin los cuales no ampliaría el margen que le permite contar ahora con una mayoría simple en el Congreso de la Unión, como mejor postor para emprender tareas de reconstrucción nacional.
El PRI ha manifestado su disposición a negociar un proceso de reforma del Estado mexicano, pero no como estrategia integradora, sino en la idea de ir al abordaje, tema por tema: tal es el caso de la economía, de una necesaria reforma hacendaria, de la propia reforma política, pero se resiste a ser punto de partida en temas como Seguridad Nacional, con el tema central de combate al crimen organizado, o la visón de desarrollo del campo, menos aún en educación, tema que pasa por acuerdos previos con la misma maestra Elba Esther Gordillo. Tal pareciera que su estrategia ha de ser, en esta segunda parte del sexenio del presidente Felipe Calderón, la de remar en la dirección de una estabilidad media, no de facilitar un buen gobierno al PAN, sino irle condicionando cada una de sus estrategias, de cada uno de los temas centrales de la visión del Gobierno Federal, que parece dar un giro, rápidamente hacia la búsqueda de acuerdos en general, pero que no se vislumbra aún, con el nuevo presidente del PAN, César Nava. Todo nos lleva a pensar que la coordinadora del Grupo Parlamentario del PRI, ha de ser o debiera ser Beatriz Paredes, quien no hay duda cuenta con una capacidad de una mujer de Estado, que entiende que se puede dar la batalla por un proyecto de Nación, al tiempo que se consolidan las condiciones para la alternancia en el Ejecutivo federal para el 2012. No sólo entiende Beatriz Paredes que la pelea por un modelo de centro, es una tarea complicada, que hay que retornar a una visión de Estado de Bienestar, cierto, pero tomando distancia de la visión filantrópica del Estado, para construir una sociedad que le gana la pelea a la acumulación de la pobreza y amplísimos sectores del corte popular y la clase media. En el caso del PAN, la agenda Legislativa tiene que tomar un giro radical. En el caso de la economía, tendrá que convertirse en un gran negociador de las demandas del campo, que el PRI ha de encabezar, para que el éxodo del campo se pare de inmediato y se restituya a los trabajadores agrícolas la posibilidad de la inversión, incluso subsidiada, como se hace por sistema en los EU, para que la producción cuente con los apoyos financieros y la conversión de los procesos productivos en programas de aplicación de la alta ciencia y tecnología productiva. Alguien de la dirección ideológica nacional del PAN, comentaba en una ocasión, que a este partido no se le da la política del desarrollo en el campo, que las habilidades en la producción industrial, como experiencia organizativa, le permiten trabajar en los gobiernos de las ciudades grandes o en las gubernaturas de los estados, efectivamente pensando en la rentabilidad social que la bolsa social, ellos saben hacer gobierno con recursos, pero eso de programas compensatorios, se mueven en una lógica muy lenta. Es paradójico, que teniendo un cuadro con alto nivel de efectividad con Fox, en la Secretaría de Desarrollo Social, no se pensara en repetir la visión de Josefina Vázquez Mota, de profundizar y ampliar los alcances de los apoyos sociales, pero orientándoles ahora, no para reproducir la filantropía del Estado, sino para incidir en la producción de condiciones básicas, en la ciudad y en el campo, para pasar a un modelo de sociedad del trabajo, del empleo como prioridad nacional, en coparticipación de los tres órdenes de gobierno y los empresarios regionales, nacionales y las empresas de la economía mundial, que se dispongan a restituir la viabilidad social de la Nación mexicana. Ya nombrada Josefina Vázquez Mota, en la Coordinación del Grupo Parlamentario del PAN, con la perspectiva de Beatriz Paredes y la posición, más racional, pero militante de Alejandro Encinas, el pulso de esta segunda parte del sexenio, apunta de una negociación que puede llevar a una temática que ponga al centro el desarrollo nacional. PRI, PAN y PRD, tiene que pensar más en avanzar en los temas que conduzcan a construir un proyecto de Nación alterno al del poder de un solo partido, a uno construido desde el entendimiento de que no se puede jugar a la violencia social como política de estado, en la economía de la pobreza, sino en el acuerdo de largo aliento, que tenga por primera vez, en más de 70 años, el fundamento del pleno empleo, como fuente de todos los equilibrios. Teniendo como fundamento la visón Keynesiana, de pleno empleo, de invertir más en la construcción de respuestas a los temas centrales de la visión de Bien Común, de entender al desarrollo social como la construcción de proyectos superiores siempre a la sobrevivencia, de contar con los ejes de la seguridad social mundial, en particular la europea, salud, educación, vivienda, seguro de desempleo, etcétera. Es posible llegar a acuerdos de largo alcance. Pero en todo este discurrir sobre la agenda, vale la pena preguntarse si la barbarie de cada partido permitiría esta temática diversa y necesaria en un país como el nuestro, acosado por partidos que han perdido credibilidad y presencia social, que la suma de todos los votos, no tienen el beneficio de al menos la mitad más uno de los inscritos en el padrón electoral, si todavía esperan revertir las derrotas y los fracasos electorales, apostando más a estrategias publicitarias que a la construcción de políticas de Estado, con idea de futuro, con sentidos históricos de un cambio hacia lo mejor. Es difícil, sobre todo porque no hay cultura política que nos permita coincidir en los ejes para la construcción de un cambio superior, con todos, entendiéndose los políticos como los líderes del Estado mexicano y no como la beligerancia partidizada que se renueva como una nueva clase social y no cómo un poder soberano, que da la pelea por una sociedad que tenga al Estado como el garante de que no iremos ya a fortalecer la crisis, sino a construir juntos la posibilidad de una revolución social, pacífica, concertada, como un acto de inteligencia de los poderes de la Nación. No creo que suceda, pero eso debería de suceder en un país que le apueste a la razón práctica, como diría Emmanuel Kant, a la política. |