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A escasas horas de que concluyan los tiempos de campaña, para la elección del 5 de julio, no tuvimos en los discursos de los candidatos una propuesta específica sobre las líneas que habrán de construir la tarea legislativa para un México diferente, para el Nuevo México. Pocos se han lanzado a proponer los posibles acuerdos entre la clase política para vencer al crimen organizado, para dar claridad al país de cómo tenemos que dar solución a la crisis de la economía, cómo el campo ha de poblarse de nuevo, porque se están quedando solos los pueblos de estados como Zacatecas, Michoacán y Oaxaca entre otros, sin que se haga nada para que el arraigo, a través del desarrollo agrícola o pecuaria, se conviertan otra vez en opciones de vida y que el desarrollo de la economía regional se vuelva generosa, que alimente a las metrópolis y ciudades y que alimente además, o sobre todo, las posibilidades de arraigo, de una estabilidad de largo aliento.
Pero además de la seguridad y la respuesta a la crisis económica, tampoco aparece en la agenda del cambio, de un cambio democrático, en el sentido de compartido, de amplio, incluyente con los diversos cortes sociales. Hay temas como la educación, que debe ocupar un lugar central en la idea de cómo atender la cultura humanística para que la violencia no sea una acción cotidiana, no sólo como acto delictivo, sino como una condena a estas conductas, que son hábitos en una subcultura de agresión en la calle, en la familia, en las oficinas federales, estatales y municipales. Esta batalla es mucho más amplia, se da en todo escenario en el que la barbarie de la miseria se apodera de los escenarios y los corrompe, liquida toda convivencia humana y nos recomienda que comencemos la lucha allí en donde la pobreza y la miseria cierran todos los caminos de construir, desde nuestros empleo, diversas rutas de proyectos de vida. Allí en donde se altera y se corrompe el derecho, la legalidad y no sucede nada, en las aulas y las escuelas en donde no se aporta el conocimiento y los tiempos que debe impartir saberes, hábitos y conductas, para dar soporte a un pensamiento eficiente para construir una vida buena, allí liquidamos cualquier posibilidad de compartir con otros el esfuerzo por lograr una vida superior. En la agenda política nacional, en este corto trayecto corto de campaña, tampoco se ha ventilado el desarrollo regional como producto del dominio, de la formación en ciencia y tecnología aplicada, para que los productos del campo no se lancen al mercado como mercancías, con escaso valor agregado, que no se industrializan para darse permanencia en el mercado interior o en el mercado internacional por demás competitivo y que no perdona a los países que se han quedado rezagados en la posesión y dominio de la ciencia y de la tecnología. No se ve por ningún lado, cómo vamos a provocar en el campo y en las fábricas una producción que nos permita ser competitivos a nivel regional en el continente y más aún, frente a los EEUU, que sigue siendo el estándar más elevado en la productividad planetaria. Por otra parte la propia Universidad Mexicana y los tecnológicos aparecen apenas como instituciones educativas, si acaso para la formación de profesionistas, pero no como la palanca vital para el desarrollo y aplicación de la ciencia y la tecnología de punta, que tiende a la adopción de la informática, como la cuarta revolución industrial, en una sociedad que se denomina en el primer mundo, como la sociedad del conocimiento y la información. Aquí somos, apenas, reproductores atrasados de los modelos de la informática y de los conocimientos, de una sociedad que nosotros hemos propuesto educadora, pero que los gobiernos de la república y de los estados, convierte todo conocimiento en una ruta lastimera porque no encuentra la construcción de proyectos de desarrollo económico, social y cultural comunicados estrechamente con una escuela que aspira al dominio de conocimientos para habitar la sociedad del Siglo XXI, la sociedad de alta productividad que sienta las bases para un reparto pródigo de la riqueza socialmente producida. Desde esta visión, de una sociedad construida desde los consensos, quisiéramos depositar en medio de los discursos electorales, a última hora, no, creo que es a la primera hora en la que se ha dado la expectativa de concentrar la protesta contra un sistema de partidos desde la negativa a ir a votar, otros a depositarlo en blanco y algunos más que pretenden anularlo para registrar y dar a conocer su protesta, para mostrar que la marginación de los partidos está generando una voluntad libertaria, superior en no pocos casos a los votos que algunos partidos logran en procesos electorales para nombrar presidente de la república o para elegir a los poderes de los estados y los municipios. La sociedad civil, mejor dicho, la ciudadanía organizada, es el pueblo, el pueblo moderno que es consciente de que es posible construir una sociedad menos polarizada que la que nos han ofertado los partidos y la agenda del cambio, no esa acumulación de contradicciones en el que la respuesta a la violencia del crimen común, ha resultado costosa, y sin estar en contra de esa decisión, es conveniente que de facto, la pena de muerte se haya habilitado, producto de una incapacidad del combate científico a una ya, sólida estructura de la delincuencia de conjunto y no sólo ubicada en el narcotráfico. Lo que está en el fondo es una profunda crisis social que se extrema en los actos de violencia masiva, en la pérdida de la paz social, de profundización del gran analfabetismo científico y tecnológico que no nos permite caminar a los ritmos y al rendimiento que se genera en los países del Primer Mundo. Hay necesidad de una gran revolución educativa y cultural que recoja estas tareas de ruptura con el modelo fabril simple de producción, es necesario que nos pongamos a tono con los grandes avances en la tecnología de frontera, porque en las actuales condiciones no pasaremos de usuarios de una stock de herramientas que, con su carácter de obsolescencia, nos ubicamos en apenas un poder de producción de sobrevivencia y con una profunda extensión de la pobreza. Es oportuno, en este proceso electoral, que la Sociedad Civil se haga cargo de la responsabilidad de proponer el diseño de una sociedad ampliamente plural, que contribuya a corregir el poder de élite de los partidos, que han resuelto marginar a una mayoría que no se cerca a las elecciones y que es ya una aproximación al 60%. Todo ellos nos conduce a llamar a los partidos políticos, que se centren en ese escenario legislativo, que es el Congreso de la Unión, a la construcción del México de las grandes posibilidades de desarrollo, en un programa de inversión y generación de empresas que radiquen en las diversas regiones, del interior del país, para que no se hable de un crecimiento y fortalecimiento de la producción de riqueza en lo general, sino que haya proyectos regionales, que en conjunto, sean una gran estrategia en la construcción de una sociedad habitable. Por todo lo anterior, la Sociedad Civil propone construir desde el Congreso de la Unión, junto con el Ejecutivo Federal y de los Estados, el discurso por un Nuevo México, el México del Cambio, cons sentido estratégico y social, y en ese marco en el Estado, apostar también por Un Nuevo Michoacán, con una agenda atrevida y valiente, que demanda consensos y cultura en una sociedad que proponemos democrática y con justicia social, construida desde la sociedad del conocimiento, educadora, como sucede avanzadamente en los países de la Comunidad Europea. La tarea central, inocultables, ha de ser la construcción, en la próxima legislatura, la agenda del cambio democrático. Armando González Carrillo. |